En marzo de 2006, 20 mujeres, procedentes de Europa del Este y Latinoamérica sin permiso de residencia ni de trabajo, se prostituían en el club de alterne del punto kilométrico 155,5 de la carretera nacional C-31, en Cunit (Tarragona).
La mayoría de las jóvenes, “muchas de edad muy joven”, “trabajaban” desde las siete de la tarde a las cuatro de la madrugada con un día de fiesta, que no podía ser fin de semana.
Las mujeres no sólo mantenían relaciones sexuales con los clientes, sino que actuaban como señoritas de compañía y les incitaban a consumir bebidas y a que las invitaran, recibiendo a cambio el 50 por ciento del precio de cada copa y pagando a la empresa el alquiler de las habitaciones.
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En el local, también había otros dos empleados: un camarero, que tampoco tenía permiso, y una mujer que realizaba tareas de limpieza en el local, quien estaba contratada como empleada del hogar.
El 26 de marzo de 2006, técnicos de Inspección de Trabajo visitaron el establecimiento, expedientaron a la empresa por emplear a 22 inmigrantes en situación irregular y, en agosto, impusieron a la empresa una sanción de 132.460,3 euros.
El Abogado del Estado pidió que se reconociera la relación laboral entre la empresa que gestionaba el club de alterne y las 20 mujeres que ejercían la prostitución, aunque el Juzgado Social número 2 de Tarragona sólo reconoció la que mantenía con el camarero y la mujer de la limpieza. |
El magistrado basó su decisión de negar dicha relación en que como la prostitución es una actividad ilegal no podía declararse como laboral “la prestación de servicios” que realizaban las mujeres.
En cambio, la Sala Social del TSJC considera que las mujeres percibían del club una retribución en forma de comisión, estaban sujetas a los horarios establecidos por la empresa y no podían rechazar a los clientes, si bien, no siempre éstos decidían mantener relaciones sexuales con las jóvenes.
Es por ello que el tribunal entiende que mantenían una relación laboral, aunque no hubieran suscrito ningún contrato de trabajo ni la compañía no las hubiera dado de alta en la Seguridad Social, lo que considera que es competencia desleal respecto a otros clubs de alterne cuyas empleadas sí cotizan.
De esta forma, pretende proteger los derechos como trabajadoras de las prostitutas que ejercen en clubs de alterne, quienes son víctimas de la “indeseable explotación del propio cuerpo, contrario a la dignidad de la persona, bien por cuenta propia o, con mayor gravedad aún y como parecen indicar los indicios, por cuenta de un tercero que se beneficia del tráfico carnal”.
fuente: diariojuridico |
«A las dos de la madrugada ya no hay ambiente. Son las peores Navidades que he vivido en los 20 años que llevo en este negocio», se lamenta José Luis Leite, propietario de clubes como el Big Ben o el Valencia de Oro y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela).
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Los empresarios de Valencia han reducido su facturación «entre un 40% y un 50%» durante los diez primeros meses de este año con respecto al mismo período del año anterior. Este recorte del volumen de negocio se ha traducido en la pérdida de empleos directos, como camareros, cocineros o empleadas de limpieza, según recoge el último balance económico realizado por la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (Anela).
Y no se habla de cifras baladís. Según los datos que maneja la Guardia Civil, en el 2006 había censados en la provincia de Valencia un total de 40 prostíbulos -”30 en la demarcación de la Benemérita y diez más en las ciudades de Valencia y Ponferrada-”, en donde 400 mujeres, 280 de ellas en clubes de carretera, ofrecen sexo por dinero. Esta práctica mueve al año entre 12 y 14 millones de euros, por lo que las pérdidas están tambaleando uno de los negocios más productivos de la provincia, sobre todo si se tiene en cuenta que aporta más salarios que cualquier gran empresa.
Sin embargo, la crisis va por barrios. Las pérdidas son genéricas en los establecimientos de alterne, pero en el Bierzo el negocio se está manteniendo especialmente vigoroso. «Hay una actividad muy intensa en esa zona y lo que está ocurriendo es que se abren nuevos negocios y las mujeres que hasta ahora trabajaban en otras zonas se están desplazando al Bierzo porque es donde ganan dinero», explica Leite. |
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La asociación que representa atribuye esta situación, además de a la crisis económica que vive el país y que afecta a la mayoría de los sectores económicos, a la falta de regulación de la prostitución por parte del Gobierno, lo que ha generado una economía sumergida de prostíbulos clandestinos en pisos y plantas bajas sin ningún control sanitario y provocando molestias a los vecinos.
«La crisis empezó a notarse justo después de las elecciones. Hay muchos menos clientes y, sin embargo, más señoritas que piden plaza en los hoteles». En primer lugar, la crisis se ha dejado notar en el número de consumiciones que los clientes piden. «Antes, un cliente pedía tres copas o más. Sin embargo, ahora se gastan menos dinero y algunos apuran la consumición hasta que se derrite el hielo», explica el encargado de un local de alterne.
«Falta alegría. Y en este ambiente se nota porque siempre ha sido una válvula de escape. Otros años venían pandillas a tomar las copas y a celebrar las Navidades, pero este año está siendo penoso. De hecho, las señoritas han cogido vacaciones porque no hay nada».
fuente: anela |
Hay belleza en la decadencia de un letrero de neón, parpadeante.En el halo frenético de las luces encaprichadas en iluminar la carretera. El Romaní, un club de alterne, se anuncia así. Los coches lo ven a lo lejos y se guían como con un faro hacía la lujuria. Está escondido en un polígono industrial en las afueras de Valencia. El aparcamiento, con capacidad para un centenar de coches, no supera los 10.
Antaño, en vísperas de Nochebuena [es la noche del 23 de diciembre] no cabían coches. Los vehículos, cuales hormigas, se alineaban dibujando líneas y cuadraturas alrededor de las naves industriales.Según datos de la Asociación Nacional de Empresarios de Alterne [Anela], en los primeros 10 meses del año, sus socios han perdido un 40% de facturación. Es la peor debacle del negocio del sexo en España, un universo -situado entre la legalidad y la ilegalidad- que el año pasado se estimó en más de 18.000 millones de euros.El presidente de la patronal es Pablo Mayo, propietario del nightclub.
El edificio tiene unos 3.000 metros cuadrados y evoca varios estilos. Es entre hotel con paredes de piedra caliza y castillo con focos amarillos distribuidos por su estructura. En la torre, donde debería estar el campanario, una estrella de Belén.

CUENTAS. En la puerta de acceso hay tres personas. Un guardia de seguridad, la recepcionista [expende las entradas: 10 euros con derecho a una copa] y un par de muchachos vestidos de Dolce & Gabbana cuyas funciones no logro descifrar. En el acceso para trabajadores nos espera Carlos, jefe de camareros. El tour por las entrañas de esta casa de citas se inicia con su compañía.
Se estima que hay alrededor de medio millón de personas que, como él, viven de esto. No sólo son prostitutas: hay cocineros, recepcionistas, gente de limpieza, porteros.... Un grupo poblacional superior al de la ciudad de Bilbao. Por lo pronto, sin contar a las meretrices, 20.000 personas se han quedado sin empleo.Carlos ha visto como 16 compañeros han sido despedidos. Algunos nightclub han prescindido del 60% de sus trabajadoras/es. Ni ellas, ni ellos, utilizaban tacones de aguja como parte de su atuendo habitual.
Desde la entrada, las tenues luces rojizas ocultan el desierto corredor. Un pasillo corto que lleva a las barras llenas de muchachas en minifalda que charlan entre ellas. En las facciones felinas de Beatriz, húngara, se muestra la desesperación del vendedor que no cierra un trato. Lo tiene todo para conseguirlo. Cintura de hacer pilates, ojos celestes, nariz que apunta al horizonte, pelo azabache, 175 centímetros sin los zapatos de plataforma de metacrilato [que permitan que luzca las piernas más largas que vieras]. Pero no logra seducir a Andrés, un albañil que prefiere a una muchacha rubia que le hizo un descuento furibundo.
La proporción es de cuatro clientes por cada una. Así, ellas pierden.
POCAS COPAS, POCO SEXO. El modelo de negocio de este lugar es simple y común. Las chicas pagan por las habitaciones unos 50 euros diarios. El dueño gana con la entrada y las consumiciones.Un mojito, 30 euros. Una botella de Moët & Chandom, 250 [precio en cualquier supermercado: 30]. El precio medio por cada servicio [30 minutos de cronómetro]: 70 euros. Pero ellas pueden hacer descuentos o especular [es triste mencionar así el negociar con el cuerpo, pero son los términos correctos]. Beatriz sigue esperando al hombre que cambie su noche.
El recorrido por los salones para striptease privados es como recorrer un museo. Todo perfecto, decorado armónicamente pero sin vida. Nadie. En un lugar de temperatura caliente, el frío predomina. María, argentina, pelo castaño claro, caderas anchas y verbo fugaz suelta su discurso en un encuentro a solas. «Es una psicosis colectiva y somos afectadas por esta situación que nada tiene que ver con nosotras que hemos decidido vivir de esto».
Comenzó a negociar con su sexo a los 18 años. «Agallas había que tener». Lo ha dejado y ha seguido. «En pocos trabajos podría ganar tantos miles de euros al mes» [aseguran sus allegados que supera los 20.000]. Tiene una niña de cinco años. Aparece en tertulias de televisión defendiendo su postura. Lo cuenta mostrando unos labios gruesos que han conocido tantos hombres como minutos tiene un año [70 euros por jornada por 15 hombres por 22 días para alcanzar el sueldo del directivo de una multinacional].Es un decir.
«El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor», escribió -dándole un cariz poético a esta profesión- Gabriel García Márquez en Memoria de mis Putas Tristes. En las miradas desoladas de ellas se ve que la fiesta -lírica y onírica- se acabó. Los bolsos de Louis Vuitton son hoy de marca blanca. El champagne apenas sale de la bodega. «Aún hay clientes que se gastan miles de euros, pero no es lo convencional. Antes era la norma», dice María. Se acurruca en un sillón de tapiz de leopardo.Cruza las piernas y suspira. |
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Minutos después va a una de las maquinas tragaperras que hay dentro y lanza monedas en su interior. Le da a los botones mientras espera que algo cambie su suerte.
Un cincuentón coge de la cintura a Gabriela, 22 años, rumana.Recorre con la punta de los dedos su vestido rojo. Ella acaricia su mano. Pocas palabras. Le susurra al oído. El decide.
CAIDA A NIVEL MUNDIAL. En su primer día de cotización, el Daily Planet [Melbourne, Australia] logró doblar el valor de sus acciones.El 1 de mayo de 2003, los periódicos económicos de todo el orbe transmitieron el impacto del único burdel que se lanzó a cotizar en Bolsa. Su capital bursátil eran damiselas que parecían salidas de las portadas estivales de Sports Illustrated.
Abrió por la mañana con un valor de apertura de 31 centavos y cerró con 67 centavos de dólar australiano. Uno de sus promotores lanzó una cita memorable, digna del mejor negociante de stock options, «obviamente el precio de la empresa se va a seguir elevando. Es sexo, y todo el mundo sabe que es una buena inversión».Los analistas financieros se volcaron y se unieron al orgasmo como lección. Sus acciones llegaron triplicar su precio inicial.¿Sabe a cuánto cotiza hoy? No supera los 11 centavos. La moraleja que nadie quiso memorizar: se puede especular con todo.
Si todas las empresas dedicadas al placer carnal cotizaran en Wall Street, necesitarían ayudas similares a las de los banqueros.Si extrapolamos los resultados de los clubes de alterne de Anela, el mercado español ha perdido ya 7.200 millones de euros [de los 18.000 millones]. Los mercados emergentes tampoco se sostienen.Las salidas para salvar las cuentas de resultados son tan asombrosas como patéticas.
En Praga, en un lugar llamado Big Sister, los clientes no pagan por retozar con la prostituta de su elección. La seleccionan en un menú electrónico. Las mujeres aparecen en un monitor de plasma. La elección no es sencilla. Las hay de todos los fenotipos.La bebida no es más cara que en cualquier bar de la capital de República Checa. Se opta por habitaciones temáticas con nombres como cielo, infierno, el harem del sultán], fetiche, montañas, igloo... El único coste por acostarte con las damiselas: tu pudor.
Big Sister puede grabar y transmitir el coito por internet. Su éxito no tenía precedentes. Los ingresos -en plena moda del sexo amateur- iban in crescendo hasta que el tsunami económico llegó.«Nuestros clientes no tienen el mismo nivel de ingresos que antes», reconoce Carl Borowitz, uno de sus directivos.
Ellos cobran 30 euros al mes a cada cliente de su particular pay per view. En tres meses han caído un 15% de sus ingresos.
La caída de turistas sexuales es tan alta que varios lobbies hoteleros presionan al gobierno para que legalice la prostitución siguiendo los pasos de Alemania y Holanda [por cierto, los principales burdeles germanos caen una media del 20%].
América tampoco se libra del gatillazo. El emblemático Mustang Ranch [Reno, Nevada], un símbolo de inspiración de todos los clubes de alterne del mundo [con documentales de HBO incluidos] ha despedido al 30% de su personal.
REBAJAS. La decoración del Romaní no tiene nada que envidiar al Ranch. Como el club de Reno, tiene un restaurante. Jaime, un comensal pide un revuelto de jamón y una copa de vino. Acaba de comer y se va. No se acuesta con nadie. Ha ejercido de voyeur y ha partido.
Entrar por la puerta de atrás del local permite conocer el ritmo interior. Cuando a las chicas no las ilumina la calidez de las tenues luces rojas se pueden ver sus imperfecciones y sus plataformas de metacrilato adquieren dimensiones pantagruélicas. En algunos casos, se ve su mirada de mujeres a medio vivir. Mientras comen en el comedor que hay detrás de las barras se cuentan sus peripecias.
«Antes nos llevábamos 200 euros al día. Hoy, si logro pagar la habitación, me conformo», dice Gabriela, quien gira sobre su propio eje en una cama redonda. Su pelo casi blanco cae sobre su espalda. Su lección: «También existimos».
Pablo Mayo, el dueño del Romaní, ha tomado medidas drásticas.No les cobra de lunes a jueves. «Si no lo hago se van a los pisos.Ellas son libres de hacerlo. Lo cruel es que allí estarán a merced de las mafias», dice el también presidente de la patronal del sector. «Es muy simple el análisis, hemos pasado de ganar mucho a ganar poco y a no cobrarles. Lo siguiente es el cierre. No olviden que sólo los locales de Anela dan empleo a 60.000 personas...».
LAS ESPAÑOLAS VUELVEN. Gabriela tiene 25 años. Nació y vive en Barcelona. Trabaja en su apartamento. Ha comenzado hace poco [no quiere especificarlo]. Ofrece sus servicios en la Red y en anuncios de prensa [se estima que la publicidad ha caído un 30%; en algunas publicaciones significa un millón y medio de euros menos en su cuenta de resultados]. Comenzó cobrando como una dama de compañía de lujo. «Una call girl, como la serie. Mi tarifa era de 700 euros por un par de horas», dice con coqueta voz grave.Hoy, va por los 250 cada 60 minutos. «Antes recibía a ejecutivos con corbata y trajes de Dior. Me daba el lujo de decirles que no. Si ahora me llaman no le digo que no a nadie. La competencia ha aumentado. Antes era una de las pocas españolas que se podía encontrar en internet en la ciudad [unas 400, en Cataluña]. Ahora hay demasiadas». La ONG Amaranta, orientada a la integración de ex prostitutas, ha detectado el aumento. Otra fundación, Triángulo, certifica otro fenómeno: la crisis triplica el número de españoles que ofrecen sexo a cambio de dinero [un 46,5% afirman ser homosexuales; 30,7%, heterosexuales; 22,8%, bisexuales]. Gabriela lanza un estudiado suspiro y acaba con la charla.
VICTIMAS COLATERALES. Loli, valenciana, 45 años, corta el jamón intentándole dar forma de cubos. Dirige la cocina. Le ayuda Elena, rumana, 49. Loli lleva una década en la misma cocina. Elena, tres años menos. Esteban, Barcelona, 24 años, lleva el pan al comedor de las chicas. Comen en relevos de 20. Arriba una peluquería, un gimnasio, dos empleos. Cuatro personas detrás de la barra.Todos temen por su trabajo. César, treintañero, discjockey, recuerda cuando tenía asistentes para poder dirigir la música de las salas, la terraza y la piscina. Hoy el sonido es monocorde en todos los ambientes. «Parecemos todos viejos contando anécdotas viejas del lugar pero así estamos», afirma César, acomodándose su larga coleta. Observando una pista de baile sin danzantes. Se pone unos auriculares y selecciona Umbrella [Rihanna y Jay-Z, material Billboard y tema fetiche de Los 40 principales]. Una mulata con las caderas de Beyoncé se contornea en un taburete. Termina su baile y se acerca.
Lección segunda de una prostituta del Romaní. «Quiero pagar impuestos», susurra y lanza una carcajada que supera en decibelios a la música que programa César.
Según recuerda Ignacio de la Torre, director del Instituto de Empresa [en su blog, Cotizalia], el producto interior bruto de Grecia aumentó un 25% cuando contabilizó el juego y la prostitución en 2006. Era puro colorete para ocultar el déficit.
A la salida, ya 24 de diciembre, veo un letrero. Se lee que a las 22 horas de Nochebuena se cerrará el local. Varias suben, desmaquilladas, a dormir a sus habitaciones. Solas y cansadas.
fuente: elmundo |
Fui a tomarme una copa al Big Sister, el burdel más interesante de Praga. Aunque los servicios son bastante caros, las bebidas cuestan lo mismo que en la mayoría de los bares de la ciudad. Así que pedí una cerveza de la casa y me puse a mirar alrededor. Curiosamente, no había ninguna muchacha por ahí. En cambio, sobre la barra se encontraban varias pantallas en las cuales era posible ver lo que estaba ocurriendo en las 14 habitaciones. Porque una de las fantasías que Big Sister puede hacer realidad es la de convertirlo a uno en estrella porno. Las pantallas mostraban mujeres bellas, de cuerpos esculturales, en distintas fases de la relación con el cliente. La mayoría estaban ya desnudas, pero dos o tres conservaban ligueros o tangas. Los clientes —por lo menos la mitad de ellos de rasgos orientales— tenían una cara de felicidad que no podían con ella. Los otros, los del bar, los que como yo no podían hacer de momento otra cosa que mirar, parecían estar considerando seriamente la posibilidad de ir más allá del voyerismo.

Me sorprendió ver lo espectacular que es el Big Sister: es como la Disneylandia de los libertinos. Tiene un cuarto que se llama Heaven (los nombres de las habitaciones están en inglés). Es un espacio blanco con algún detalle azul, todo mullido y encortinado, listo para el encuentro con los ángeles. Su antípoda es el Hell: una caverna con estalactitas artificiales, cadenas de hierro y demás parafernalia dantesca, y lámparas ocultas que simulan el fuego de los infiernos. El lugar ideal para condenarse por la lujuria. Luego está el Sultan's Harem, todo como sacado de Las mil y una noches, con brisas de aire caliente y perfume de jazmines. Sigue el Fetish, difícil de describir: si hubieran puesto un prostíbulo en Blade Runner sería como esta habitación: paredes con espejos negros, cojines cilíndricos, luces como de galería de arte. Me pareció más simpático el Mountains, un paisaje de fotomurales alpinos, con grandes rocas artificiales y la cama encima de éstas: una mezcla de Los Picapiedra y Heidi. Sigue el Girlish World, el sueño de toda quinceañera: una alcoba rosa y blanca, con una cama enorme en forma de madreperla con las valvas abiertas. Y por último está el Igloo: lleno de falsos témpanos de hielo y con un enorme oso blanco de museo de historia natural al pie de la cama.
Estas son la habitaciones especiales. Aparte (creo, pero no estoy seguro) hay otras más tradicionales. Y en otras áreas del edificio hay una pista de baile para los strip shows, un sauna y un relax room, con cómodos sillones para sentarse a descansar, a reponer energías o a platicar con alguna de las muchachas. En el sótano hay un bar más pequeño con una piscina de cristal: una especie de acuario para tiburones, donde uno puede sentarse a tomar una copa mientras mira cómo las muchachas bucean y retozan desnudas en el agua.
Esto es el Big Sister, que está en el quinto distrito; más céntrico, pero planeado con menos imaginación, está el Club Relax K5. Y luego ya están los otros, como el Darling's y los que se hallan en las callecitas que llegan a la plaza Wenceslao: nada que valga especialmente la pena.
fuente:elvinoylahiel |